Cuando escucho a un cirujano hablando sobre operaciones con bisturí en la mano sobre pacientes acostados en una camilla de quirófano, escucho con atención, procuro asimilar algo de lo que dice y tiendo a creérmelo: de eso entiende; es lo suyo. Lo mismo me pasa cuando un sacerdote habla de la misa y los sacramentos, cuando un bodeguero habla de vinos y así sucesivamente.
Es por ello que, cuando Esperanza Aguirre citó el sustantivo ”aquelarre” me fijé de inmediato: - de eso entiende lo suyo -, pensé. Cuando detrás aparecieron los términos “carcamales y resentidos” aumentó más mi atención, sobre todo porque el resentimiento parece ser uno de los motivos principales de su actuación, especialmente en el seno de su partido. En cuanto a lo de carcamal, a los cincuenta y ocho años se está bastante cerca de cuadrar en la definición, máxime si además se presume de pertenecer al liberalismo clásico y se pretende la nobleza de sangre, aunque sea por la indirecta vía matrimonial.
Me tranquilicé bastante cuando vi que hablaba sobre un acto realizado en una universidad. La cultura es algo absolutamente alejado de su persona. Precisamente por ello, fue nombrada ministra del ramo por el hoy fecundo ensayista Presidente de FAES. Como prueba de inolvidable recuerdo, su descubrimiento de aquella escritora gallega llamada Sara Mago.
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