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Soy madre de una alumna de 1º ESO del instituto José Saramago de Arganda del Rey, pero podría ser de cualquier otro instituto de Arganda o de otros muchos municipios.
El motivo de mi carta podría parecer algo muy trivial pero a mí me provoca una gran preocupación. Desde que ha comenzado el curso he podido ver como mi hija lleva una mochila con un peso excesivo, tanto me parecía que comencé a pesarla cada día de la semana: su peso es, de lunes a viernes: de 7,811 kg., 8,030 kg., 7,410 kg., 6,500 kg. y 8,900 kg., ¡casi nueve kilos! Si tenemos en cuenta que ella pesa 31 kilos, se ve fácilmente como la mochila supone entre el 20,97% y el 28,71% de su peso.
Para manifestar mi preocupación sobre este tema hablé con su tutora y con el director del centro. El director se comprometió a preguntar a cada uno de los profesores y ver qué se podía hacer. Pero pasaron los días y este problema no se solucionó, de manera que escribí una carta al centro para dejar constancia por escrito de que, yo como madre de esta alumna, hago al centro directamente responsable de los problemas de espalda que pueda tener mi hija a partir de ahora. Cargar con este peso de lunes a viernes puede terminar provocándola lesiones de espalda. Sanidad lleva años informando sobre el riesgo del peso de las mochilas aunque, por lo que se ve, centros educativos como el IES José Saramago ignoran las recomendaciones de reducir el peso de las mismas. Entiendo que el problema se resolvería fácilmente si en lugar de llevar tantos cuadernos usasen un solo clasificador en el que fuesen las fichas de todas las asignaturas que tienen a lo largo de la mañana. El no hacerlo, a mi modo de ver, no puede responder a motivos pedagógicos o educativos, cuando hay asignaturas en las que los niños aprenden y trabajan sin ningún tipo de problema con los clasificadores. Pasarían de llevar tres kilos (medio por cuaderno) a solo medio. Para poder dar respuesta a un problema como el que planteo tendrían que conocerlo de primera mano, invito a todos los profesores que no permiten el clasificador, a que se pongan una mochila de cualquiera de los alumnos de esta clase, un martes o viernes, y que caminen con ella, un recorrido como el que hace cualquier alumno.
Me duele leer como otros centros sí demuestran sensibilidad frente a este problema y ponen soluciones: dividir los libros de texto por trimestres para reducir el peso de las mochilas, es el caso del IES Carmen Conde de Las Rozas, aunque creo que el centro pionero que puso en marcha ambas medidas fue el IES Ginés Pérez Chirino de Caravaca de la Cruz (Murcia). Mantengo la esperanza de que en el IES José Saramago se preocupen por la salud de nuestros hijos y quieran poner remedio a un problema tan grande y con una solución tan sencilla. Y que con su ejemplo los demás centros se animen también a terminar de una vez por todas con el peso de las mochilas.
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