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Algunos muñecos perdieron un ojo en el fragor de tantas batallas. Coches de bomberos sin manguera. Autos teledirigidos con las pilas sulfatadas de tanto ganar carreras. Un disfraz de indio desgastado y sin plumas. Cuentos a los que la creatividad de otros lectores les añadieron dibujos y colores en los márgenes. Plastilinas multicolores, cansadas de tanto bregar en manos infantiles. Juegos sin solución ni ruta previsible pues les faltan datos y sentido. Un barco de piratas con las jarcias varadas, sin timón que le guíe y con agujeros a babor y estribor. Cocinitas de la señorita Pepis carcomidas por los habitantes de algún húmedo desván. Héroes articulados, vencedores en mil batallas, inútiles hoy, sin piernas que disparen dardos ni brazos en espiral para derrotar monstruos. Aviones sin alas. Naves espaciales sin planeta donde recalar.
El día de Reyes es un momento magnífico para que los niños y niñas, bien aleccionados en la bondad y solidaridad de padres con conciencia, aligeren los armarios y donen esa morralla sobrante a otros niños y niñas que lo necesiten. Como si aquellos juguetes hubieran pasado por un purgatorio de purificación y estuvieran de nuevo dispuestos a hacer felices a otros niños y niñas menos exigentes y sobre todo con todas las carencias.
En la Cruz Roja, en Cáritas…, están pensando abrir un Taller de Juguetería. Piensan que así se evitarán la vergüenza de entregar a un crío ilusionado, una muñeca a la que le falte un ojo o un libro sin hojas.
Bendita solidaridad.
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