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Déjenme que les cuente algo que parece un sarcasmo. Mientras Haití desaparecía, mientras la gente carecía de qué comer, trataba de salvar a alguno de los desaparecidos. Mientras la tragedia destrozaba lo poco que quedaba de ese país por muchas generaciones, justo en ese momento, en una playa privada, un crucero de lujo organizaba una barbacoa para los navegantes.
El barco se llama Independence of the Seas (Independencia de los Mares), propiedad de una compañía de cruceros de lujo con sede en Florida. Independientes sí que son una barbacoa, un cóctel, juegos en una playa paradisíaca, rodeados de muerte, dolor y hambre. Seguramente ésa es la parábola de lo que ha pasado con Haití durante años.
El dramático y espectacular terremoto que ha asolado Haití nos ha conmovido a todos y todas; el drama de la muerte, de la destrucción, del hambre, de la ayuda que se retrasa, mueve nuestra solidaridad. Desde luego, les convoco a ayudar de cualquiera de las miles de formas posibles que ustedes pueden encontrar, ONG´s, sindicatos, formaciones políticas, sociales o de cualquier otro tipo.
Ahora, la cuestión que les planteo es, ¿por qué el drama siempre golpea a los mismos? La respuesta no depende sólo de la naturaleza.
Depende de que, un día y otro, la comunidad internacional ignora a países sin infraestructuras, sin posibilidades de educación y salud, sin condiciones de vida digna. Eso era Haití. Mientras un crucero de lujo navegaba a sus playas privadas; mientras la ONU era incapaz de plantearse una ayuda al desarrollo eficaz; mientras los países desarrollados lavaban su cara con la presencia de algunos militares, la gente ya moría de hambre.
El grado de destrucción que logró el terremoto en Haití es fruto en buena medida de la situación de empobrecimiento que ha sufrido el país caribeño desde hace décadas y debiera reclamarse a nuestro Gobierno y el resto de las instituciones compromisos de donaciones libres de intereses comerciales y económicos. Debe el gobierno estatal procurar la condonación de la deuda; debieran los Ayuntamientos y la Comunidad de Madrid aportar recursos, vivienda, salud.
Pero, sobretodo, deberían unos y otros dejar de intentar sacar rendimientos políticos de la situación. Unos se apropian de aeropuertos estratégicos, otros se hacen fotos; otros prometen, mientras la gente muere a pesar de los esfuerzos de abnegados profesionales que si han llegado a tiempo de salvar alguna vida. Salvar vidas para que luego sucumban en tiroteos, a causa del hambre o de cualquier pandemia.
El drama siempre es para los mismos porque siempre son los mismos los que pagan el cinismo de los países ricos, sus instituciones y sus estrategias políticas.
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