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FRANCISCO J. GARCÍA Y LOS MAPACHES EN EL PARQUE REGIONAL DEL SURESTE MADRILEÑO (I) A finales de los años 80, el entomólogo y biólogo estadounidense Edward O. Wilson (Birmingham, 10 de junio de 1929) acuñó el término “biodiversidad” para definir la variedad de los seres vivos en un ecosistema. El acierto de la elección y su posible significado hacen que su uso se generalice, popularice y extienda a ámbitos tan dispares (genes, especies, poblaciones, comunidades, etc.) que se hace difícil determinar con precisión su significado. Por el momento, se desconoce el número de especies de seres vivos presentes en nuestro planeta. Las estimaciones científicas varían entre los cinco y cien millones (aunque tan sólo se han descrito 1,7 millones). Por otra parte, las amenazas actuales a la biodiversidad a consecuencia de las actividades humanas son tan variadas como poderosas, lo que hace que miles de especies desaparezcan cada año de la faz de la Tierra, en su mayor parte sin llegar siquiera a conocerse. Entre las causas, destacan por su importancia la pérdida y degradación de los hábitats, la contaminación del aire, suelos y aguas y la introducción de especies alóctonas o invasoras. Es este último caso el que atañe a los capítulos que vamos a abordar. Francisco José García es biólogo, especialista en Zoología de Vertebrados y Biología de la Conservación de mamíferos, especialmente de carnívoros. Durante dieciocho años ha trabajado en estudios de fragmentación forestal y sus efectos sobre la fauna y la vegetación a escala nacional y, últimamente, en estudios de ecología y conservación de especies amenazadas como la nutria europea y el lince ibérico para la Dirección General de Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente. Además, desde el año 2002 está trabajando en diversos centros de investigación del CSIC en proyectos de conservación de especies amenazadas, seguimiento de fauna y recuperación de poblaciones de conejo. En el año 2007 inició, junto a un equipo de biólogos y profesionales de la conservación, una línea de trabajo para el control de especies exóticas invasoras de mamíferos, trabajando en concreto para evitar la dispersión y proliferación en el este de Madrid del mapache... En efecto, han oído ustedes bien: el mapache, un mamífero que muchos de nosotros solamente conocemos por las películas y documentales sobre fauna de América del norte y que, para nuestra sorpresa, se ha añadido en los últimos años, por desgracia, a la fauna del Parque Regional del Sureste madrileño (1). Eso se ha producido recientemente debido a sueltas o escapes de mapaches utilizados como mascotas. El mapache (Procyon lotor) es un mamífero originario de Norteamérica que en la última década ha adquirido una cierta notoriedad como mascota exótica en España. Una moda desafortunada –como tantas otras-, ya que de esta manera muchas especies exóticas (alóctonas) han conseguido introducirse en hábitats ajenos a su área de distribución natural. En el caso del mapache, la especie debe su popularidad a su aspecto “simpático”, su inteligencia y su comportamiento; es conocido como “osito lavador” por su capacidad de manipular con sus manos la comida y limpiarla con agua antes de ingerirla). Pero solamente se trata de la primera impresión, ya que en cautividad alcanzan un tamaño considerable -hasta 15 kilos o más-, muestran gran actividad vital y los adultos se vuelven agresivos y peligrosos –especialmente en período de celo- por lo que sus propietarios los sueltan en el campo sin pensar en el daño que provocan. Esto siempre es un grave error (y de paso, recordemos, una acción ilegal, penalizada por la ley), ya que algunas especies consiguen aclimatarse y alteran de manera más o menos seria el equilibrio de su nuevo ecosistema. En el caso del mapache esta acción conlleva un grave problema ecológico: de alimentación omnívora (comen “de todo”), carácter generalista (se mueve por tierra y nada con facilidad, puede trepar a los árboles y excavar para buscar su refugio o alimento), facilidad de adaptación (prefieren las riberas de ríos con un buen bosque de galería) y elevada tasa reproductiva (las hembras pueden criar a partir del año y la camada oscila entre las 2 y 8 crías), el mapache es una especie invasora que compite directamente con carnívoros autóctonos de tamaño medio, a los que desplaza en su medio, además de afectar a muchas especies de anfibios, reptiles, aves y mamíferos sobre los que depreda fácilmente diezmando sus poblaciones, ya que éstos no están preparados para escapar a su influjo pues nunca antes han tenido que enfrentarse a dicha amenaza y no ha habido selección. Existen poblaciones asilvestradas de mapaches en Europa desde la década de los 50, momento en el que se aclimató en Alemania al liberar especímenes para su explotación cinegética y por escapes accidentales desde granjas peleteras; más tarde lo hizo en Rusia y Francia por diversos motivos. En la actualidad, el área de distribución del mapache en Europa abarca áreas en muchos otros países: Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Suiza, Austria, Dinamarca, Suecia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Polonia, Bielorrusia, Bosnia, Servia, etc. En España su introducción es reciente: existen datos aislados de avistamiento de mapaches generalmente asociados a zonas periurbanas: Madrid, Barcelona, Valencia o Cantabria (marismas de Santoña), entre otros lugares. En todos los casos estudiados esta especie ha causado graves daños ecológicos y económicos, además de suponer un riesgo potencial al actuar como reservorio y vector de transmisión de enfermedades como la rabia o el moquillo canino, entre otras de menos incidencia. Además, una especie de parásito específico del mapache -una lombriz intestinal denominada Bailysascarys procyonis- puede transmitirse al hombre y causar encefalitis y ocasionalmente la muerte (especialmente en niños), como se ha documentado ya en varios casos en los Estados Unidos. En la Comunidad de Madrid existen datos de presencia de mapaches asilvestrados desde el año 2003 debidos a los biólogos Javier Barona y Loreto García-Román, 2005. En un proyecto piloto realizado en 2007 en el Parque Regional del Sureste madrileño se capturaron 15 ejemplares entre los que se encontraban tanto crías como adultos reproductores. En la Comunidad de Madrid se ha detectado en lugares tan diversos como Manzanares el Real, Torrejón de Ardoz, varios municipios del Parque Regional del Sureste, Chapinería o Aldea del Fresno (detectados en la mayoría de los casos por atropellos en carreteras). (Continuará) (1) Publicado en junio de 2009, en el número 280 de la revista de observación, estudio y conservación de la naturaleza Quercus, en el trabajo titulado “El mapache empieza a asentarse como una nueva especie invasora“(páginas 60 y 61), cuyos autores son los biólogos Francisco José García, Javier Barona y Loreto García-Román.
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